¿Os acordáis del famoso manifiesto? ¿Ese que criticaba que se pudieran cerrar páginas o, en su defecto, bloquear el acceso a las mismas, por orden de una comisión administrativa que nada tuviera que ver con un juez?
¿Os acordáis de las reacciones? ¿De las que critican que esto es un paso previo para la censura por parte del Ejecutivo? ¿De las que dicen que no es para tanto, que en realidad todo se reduce al P2P y que no hay nada que temer en cuanto a censura?
Bueno, pues lo que contaremos hoy no ha pasado en China ni en Cuba. Ha pasado en Australia, donde, por cierto, llevan ya siete meses probando el tema. Australia, un país muy similar a cualquiera de los de la vieja Europa en cuanto a desarrollo social y cultural (no en vano la colonizamos enterita).
Bueno, resulta que Australia anunció el día 15 la entrada en vigor de un sistema que permite bloquear el acceso desde su territorio a páginas con contenido delictivo. El problema no viene tanto de la idea en sí (aunque me parece aberrante perseguir el acceso y no el delito, pero bueno, es mi culo opinión) sino de cómo se identifican esas páginas delictivas. En primer lugar, está inspirado en el modelo chino de censura del acceso a Internet. En segundo lugar, se basa en una lista negra en la que «una comisión independiente de clasificación tras examinar las quejas del público» decide si una página merece o no estar en esa lista. En tercer lugar, se asegura que el mecanismo, que ya lleva la friolera de siete meses funcionando, lo hace perfectamente; sin embargo, esto no es cierto ya que en Marzo el Gobierno australiano admitió que había páginas inofensivas incluidas por error en esa lista negra.
En cuarto lugar, y esto ya entra en el terreno de lo personal, estoy hartita de que nos traten como a niños de año y medio. Somos mayorcitos para saber a qué accedemos y a qué no. Somos mayorcitos para saber qué hacemos bien y qué hacemos mal. No necesitamos que nadie venga a salvarnos de nuestros propios actos. No necesitamos que nadie decida por nosotros qué lecturas están bien y qué lecturas no son recomendables. Tenemos cabecita para pensar por nosotros mismos qué queremos leer, qué queremos ver, a qué páginas queremos acceder. Somos mayores para acertar, y también para equivocarnos. Somos responsables de nuestros actos hasta las últimas consecuencias, y las leyes garantizan que, si hacemos algo delictivo, lo pagaremos. Las leyes, y los jueces. Que para eso están.
Por favor, absténganse de salvar mi alma. Que es mía. Y la ensucio cuanto, como y cuando me da la gana.







Sveret
18 dic 2009 | 11:14 AM
¡A la cárcel contigo, hombre ya! ¡¡¡Cómo se te ocurre tener ideas propias!!! ¡Y encima racionalizadas!
agente_naranja
24 dic 2009 | 11:03 AM
T_T